sábado, 17 de noviembre de 2012

(1) En el punto de partida


Cuando uno empieza, allá por principios de año, a planificar un viaje a Argentina, se enfrenta como es nuestro caso  a un país enorme, ya que entre  Iguazú y Ushuaia, dos puntos que nos interesaba visitar, hay más de 3.500 quilómetros, la misma distancia que entre Madrid y Moscú.

Así que la cosa se complica para configurar el itinerario, especialmente porque, ya puestos, considerando que a lo mejor no resulta fácil volver en el futuro, comienzas a valorar la posibilidad de conocer un poquito de Chile, aunque sea un mínimo contacto con ese otro país. Y ya más puestos, uno de los viajeros decide que puede reencontrarse (o encontrarse por primera vez en muchos casos) con unos cuantos primos de segunda generación, teniendo en cuenta que algunos de sus tíos sentaron en Montevideo sus reales hace ya muchos años.

O sea que montes como te lo montes al final acabas haciendo la bien llamada "ruta de los aeropuertos", justamente denigrada por los suertudos que pueden tirarse varios meses de ruta por donde les plazca  y que van picoteando aquí y allá sin problemas de tiempo, itinerarios o ataduras formales, quedándose en los sitios que por una u otra razón más les interesen.

Y nuestra ruta, que no difiere mucho de otras muchas es ésta:

En color fuxia, la línea que abarca los cinco vuelos que vamos a tomar (ya sabemos que en Argentina no se "coge") y en color azul los traslados por carretera, ya sea en bus nocturno, diurno o coche de alquiler.

Conservando las buenas costumbres, no hemos contado con agencias para la organización, así que todo será made in "feito na casa" con muchas cosas a medio programar, a la espera de lo que vaya surgiendo. Éso sí, la programación de los vuelos y el hecho de que el día 21 de noviembre hay que estar de vuelta al trabajo (y felices que somos por conservarlo de momento) no nos da mucho margen para cambios sobre la marcha pero trataremos de sacar el mayor partido posible de las coyunturas que se nos presenten.

Nuestro calendario/itinerario viene siendo el siguiente:

21 octubre: Elecciones en Galicia. Salida de Vigo a las seis de la tarde rumbo a París.
22 octubre: Llegada a Buenos Aires y visita a la ciudad.
23 y 24 octubre: Cataratas de Iguazú. 
25, 26 y 27 octubre: Salta, Purmamarca y Quebrada de Humahuaca.
28 y 29 octubre: Viaje de Salta a Tucumán.
30 octubre: Mendoza
31 octubre al 2 noviembre: Santiago de Chile y Valparaíso
3 noviembre: Pucón.
4 noviembre: San Martín de los Andes
5 y 6 noviembre: Bariloche.
7  al 10 noviembre: El Calafate/Chaltén
11 al 14 noviembre: Ushuaia
14 y 15 noviembre: Buenos Aires.
16 y 17 noviembre:  Colonia y Montevideo
18 noviembre: Vuelta a Buenos Aires.
19 noviembre: Buenos Aires y vuelta a casa.


Bueno pues poco más queda que comenzar a preparar concienzudamente el equipaje y dejarse llevar por la ilusión del nuevo periplo.

Una vez más, nuestros entrañables compañeros de fatigas serán Fely y Alfonso. De hecho, Fely fue la instigadora que sugirió de forma muy convincente la posibilidad de dirigir nuestras miras hacia este punto de Sudamérica, bien secundada por Juanma. Tampoco es que costara mucho (más bien nada) convencer al resto. Seguro que vale la pena y esperamos que, como siempre, este blog de recuerdo rememore buena parte de nuestras andanzas y "pendejadas".
  
En plena crisis, cambiar el otoño gallego por la primavera argentina, con la que está cayendo, no deja de ser una propuesta superatractiva que suscita envidia entre nuestros allegados. Es por éso que esperamos compartir con ellos un periplo que, sin duda, dará mucho de sí.

Lo dicho, a partir del día 22, ya conocidos los resultados de las elecciones gallegas enviaremos señales (y no de humo) desde Buenos Aires. Hasta pronto.



 

viernes, 16 de noviembre de 2012

(2) Tanteando Buenos Aires

Salimos de Vigo el domingo 21de octubre. Feijoo tuvo el detalle de hacer coincidir las elecciones gallegas con la fecha en la que unos ocho meses antes habíamos fijado nuestra partida para el viaje.No tuvo a bien consultar y nada pudimos hacer. O sea, votamos y a primera hora de la tarde nos fuimos.
El vuelo fue bien aunque salimos con dos horas de retraso de Vigo. El margen en el aeropuerto de París (Charles de Gaulle) se redujo, pero embarcamos sin problemas por la puerta K 41,incluso tuvimos tiempo para enterarnos del arrasador triunfo del PP...y felicitar a los premiados.

Del viaje, qué decir: casi 14 horitas encerrados en el avión, pero lo sobrellevamos. Air France, todo hay que decirlo, tuvo el feo detalle de separarnos tras haber elegido los asientos en marzo. En concreto fue Juanma el elegido para el desplazamiento; Ana protestó lo indecible y fue también exiliada en su compañía. O sea, ellos dos por un lado lejos de los asientos inicialmente solicitados . Pero bueno. Lo importantes es que a las 8.20 de la mañana del día 22 aterrizábamos en el aeropuerto de Ezeiza.

Y un gran dilema.¿Cómo acercarnos a una urbe como Buenos Aires en una jornada? Al día siguiente a primera hora salíamos para Iguazú y queríamos tener un primer acercamiento a esta inmensa ciudad.
Lo primero de todo fue con nuestro taxista dirigirnos al edificio de Los Pavos Reales, un bed and breakfast en la calle Rivadavia, una arteria de varios kilómetros que dicen es la calle más grande de sudamérica.
La casa fue una sorpresa. Un edificio preart decó atendido por Kevin, un norteamericano encantador que lleva seis años en el país (sale en la foto presuperior con camisa blanca) con sólo dos habitaciones:una chulada.
El piso está excepcionalmente conservado y acaba de cumplir 100 años: techos muy altos, muebles y suelos de madera, decoración interesante, libros más todavía y algunos detalles curiosos,como el siguiente.

Y tampoco el día era libre. Teníamos la gran suerte de coincidir con nuestros amigos Paco y Marien que estaban en BA para ver a unos primos muy cercanos. Con ellos quedamos en el café Las Violetas, un sitio de lo más encantador, 
 mezcla de cafetería de época y de pastelería. Les acompañaba Soledad, la hija de sus primos, una chica encantadora que pasó con nosotros el día.
De Las Violetas nos fuimos al centro-centro en metro ("subte" en argentino) e hicimos un transbordo para conocer los vagones antiguos de madera. 

En el centro llegamos a la Plaza de Mayo, donde está la Casa Rosada (sede de la Presidencia del Gobierno) y después los siete tomamos o agarramos, más bien pillamos, el bus turístico. 
Se trataba de dar un paseo por toda la ciudad. Dura 3 y 40 minutos y recorre gran parte de sus barrios.

En unos edificios del centro, la imagen de la venerada Evita Perón.
Antes de montar pasamos por un café de máxima fama.

Como amenazaba lluvia tomamos uno con capota en la parte superior, pero se reveló insuficiente.
Al poco rato empezó a llover y se puso el día frío. Así seguiría la tarde. Abajo, la Casa Rosada.
Una de las zonas  que recorrimos fue el barrio de La Boca, sede del equipo Boca Juniors. Está hecho unos zorros, pero tiene posibilidades si algún día se invierte allí. Sus colores son azul y amarillo.¿Motivo? Tras crearse el club a principios del siglo XX se fueron al puerto para esperar el primer barco y darle sus colores. Era sueco y así se decidió.
Una cosa que no nos llama la atención son las pintadas, políticas o simplemente de artistas del spray, más o menos como aquí, quizás más todavía.
Y desde luego todo lleno de mensajes y dibujos de carácter político.
En La Boca queda el resto del antiguo puente transbordador. Detrás el nuevo, que se encuentra sobre uno más moderno.
Después llegaron barrios más modernos y pujantes, como Puerto Madero, con sus rascacielos, o Palermo, verde, con parques, museos y embajadas. Semejaban dos mundos diferentes, pese a su proximidad.


Cansados del viaje y con frío, nos fuimos los siete a cenar a un sitio de carne, como casi todo en Argentina. Estábamos junto al cementerio histórico de La Recoleta, que no pudimos visitar ya que estaba cerrado.Quedó para la siguiente etapa del viaje a pasar en BA.
Y pronto, agotados, tomamos, eso tomamos, un taxi y nos fuimos a nuestro hotelito. Al día siguiente pronto nos íbamos a las cataratas Iguazú, pero eso queda para otro capítulo. En la imagen superior, de izquierda a derecha: Soledad (hija de los primos de Marien), Marien, Paco, Ana, Juanma, Alfonso y Fely. Los cuatro últimos, los  viajeros.

jueves, 15 de noviembre de 2012

(3) Impactante Agua Grande (Iguazú)

 I (agua) Guazú (grande), una maravilla de la naturaleza, posiblemente el mayor complejo de cascadas situadas en la confluencia de tres países, bueno dos, Brasil y Argentina, con Paraguay a unos pocos kilómetros.

 Llegamos el martes 23 a media mañana y tras dejar las cosas en el hotel nos dirigimos en taxi al lado brasileño, el más pequeño y según las consultas realizadas el que menos tiempo precisa para conocerlo. Ocupa 800 metros de los 2.700 del total de las casi 200 cascadas sucesivas. La primera visión nos dejó anonadados, sin palabras. ¡Qué espectáculo!


Poco a poco nos fuimos sobreponiendo y empezamos a realizar el recorrido por la ladera de la montañita situada enfrente. Tuvimos un aliado imprevisto y con el que no contábamos: el tiempo. Es una zona subtropical donde siempre hace calor y la humedad es muy alta. Sin embargo, había llovido hacía poco y estuvo nublado, con un resultado de lo más agradable. Al día siguiente se repitió y por tanto no pasamos calor y hasta tuvimos que ponernos una chaqueta para cenar en el hotel al aire libre. 

En la imagen superior estamos al final del paseo del lado brasileño ante la cascada principal. Supusimos que tras lo visto al día siguiente no habría mucho que ver, pero nos equivocábamos totalmente.


A la mañana siguiente fuimos pronto y con ganas de aventura. Excuso decir que alrededor de Iguazú existe una industria tremenda. Es, junto con el Perito Moreno, el principal centro turístico argentino y aquí florecen hoteles y hay a diario miles de turistas. Tanto que Puerto Iguazú no para de crecer y ya tiene 80.000 habitantes , aunque nada que ver con Foz de Iguazú, la ciudad brasileña (500.000) o los 400.000 de Ciudad del Este (400.000 pese a que se creó en 1959, pero los motivos son diferentes en su caso ya que es un polo internacional del comercio/contrabando).


 Entramos en el parque tras pagar la tasa de extranjeros (los argentinos cotizan mucho menos y los de Iguazú pasan gratis) y tomamos un paquete con la aventura náutica y el paseo ecológico.

 
Pese a ello lo más interesante fue recorrer los senderos entre las cascadas, verlas por debajo y desde la parte superior, muchas veces algo imposible porque el agua al golpear desde la altura forma unas nubes que las ocultan. Los senderos están diseñados para empaparte de agua, naturaleza y en algunos lugares sufrimos un curioso fenómeno cuasihipnótico: nos quedamos embobados y no sentíamos necesidad alguna de seguir caminando.

Hubo momentos algo especiales en un par de cascadas donde el volumen de agua, la altura y la configuración del terrenos las convierte en un espectáculo todavía más alucinante.

Pero vayamos a la aventura náutica: consiste en acercarte en el barquito de arriba a la base de tres cascadas. Para ello te agencias un plástico o te pones un bañador, te proveen de una bolsa para tus pertenencias, y ala,a mojarte. Claro está, imposible sacar fotos pues el aguacero es tremendo. Una descarga de adrenalina.

 Equipados para esta aventura turistoide parecíamos tal que marcianos, pero así es el espectáculo. Aunque más mérito tienen los vencejos de la cascada, una especia similar a la golondrina que anida detrás de la cortina de agua y los ves entrar/salir. Increíble.


Las dos fotos, superior e inferior, corresponden a la Gargante del Diablo. Desde el lado brasileño tienen un barco que cruza el río cerca de los saltos y da un poco (un mucho) de yuyu solo verlo. ¿Y si ocurre algo y queda al pairo? Se lo planteamos al patrón de la zodiac en la que hicimos el paseo ecológico entre los numerosos ríos en que se divide el Iguazu, pero alejados de las cascadas, y puso a parir a los brasileños. Dijo que ellos no lo hacen y que en 1941 acercaban una balsa atada con una soga a una cascada, se rompió la cuerda y allá se fueron 21 alemanes. Ahora ya no la acercan pero siguen con el barquito por allí cerca.
Respecto a la aventura, lleva muchos años haciéndose y solo una vez volcó un barco y hubo dos muertos, más por mala suerte que otra cosa (lo supimos a posteriori, pero la verdad es que impacta, pero no da miedo).

Antes de poner punto y final, unas curiosidades. Una, que no se puede fumar al ser un parque nacional y solo en algunos puntos hay zonas de fumadores. Parecía respetarse. Dos, que está prohibido cazar y pescar, y estaba lleno de animales; aquí algunos de los que vimos:

Arriba un hermoso pájaro y abajo el coati, que pulula por todos los lados acercándose a la gente para que le den de comer. Está prohibido, pero hay quien le da. Las papeleras están selladas para que no las vacíen.

De mariposas de todo tipo y color está lleno. Se te posan muchas veces.

 Lo mismo con las iguanas, y también hay muchos lagartos.
 Y al final también nos topamos con los monos, que hay de dos clases.Olvidaba citar que en el río vimos unos peces tremendos, de más de un metro y gordos; se comen, nos dijeron, y es rico y con pocas espinas. Se llaman Surubi y lo cenamos en un sitio estupendo, La Rueda, y era cierto. Aunque el argentino es carnívoro, cenamos varios peces de río, buenos.

 Otro ejemplar del que no aclaramos su nombre. Nos quedamos con las ganas de encontrarnos con el yaguacaré, pero no hubo suerte. Es una especie de leopardo pero más musculoso, que pesa 250 kilos. Son esquivos (afortunadamente).

Y nos despedimos con unas imágenes del hotel Jasy, el nuestro, Luna en guaraní, donde hemos estado muy a gusto y nos dieron un estupendo desayuno (en la foto Fely y Fonso dando buena cuenta)
 aparte de invitarnos a unas caipiriñas de bienvenida que casi nos dejan K.O. Mañana nos vamos para Salta, en el NOA (noroeste argentino), a iniciar otra etapa.






miércoles, 14 de noviembre de 2012

(4) Salta y Humahuaca, el otro mundo argentino


De un tirón nos transportamos al otro extremo del país, de las selvas de Misiones a la altiplanicie del Noroeste. Aterrizamos en Salta y comprobamos que el cambio es radical: otro paisaje, otra temperatura, otra gente. De entrada, una vista de Salta “la linda”, como la apodan los argentinos que la consideran la ciudad más bonita, perdón, más linda, de su país, en un país que no destaca por sus ciudades, claro está.
Tiene más de medio millón de habitantes y está situada a 1.200 metros de altura en el inicio de la altiplanicie previa a la cordillera de los Andes. Llueve poco, curiosamente en verano (enero, febrero) y durante todo el año hace mucho calor y baja la temperatura de noche. De momento nosotros disfrutaremos de días a 30º y más y noches muy suaves, nada frescas, con un sol de justicia en las horas centrales. Por eso este céntrico jardin, donde florecen unos espectaculares jacarandás, tiene la hierba seca: hace muchos meses que no llueve y no tiene un río importante, por lo que no los riegan.

Lo primero que hicimos tras dejar las maletas en el hotel fue subir en el teleférico al cerro de San Bernardo para disfrutar de una panorámica de la ciudad a 250 metros por encima.



Después recorrimos la ciudad, con su tradicional distribución calles rectas ordenadas por cuadras, que hemos descubierto que es un sistema muy lógico: cada una tiene 100 metros, por lo que la indicación 5 ó 6 cuadras lleva implícita la distancia. Claro, eso en urbes trazadas con rectilíneas; en caso contrario, no sirve. La regulación del tráfico también es sencilla, pues prácticamente todas las calles son de sentido único, por lo que si te pierdes, no tienes más que rectificar en la siguiente intersección.


La plaza central de Salta, llamada del 9 de julio, tiene un encanto especial, con su catedral de tonos rosas y unos magníficos edificios coloniales.

De noche la catedral ofrecía un aspecto llamativo con la iluminación. Por dentro es espectacular, toda recubierta de mármol de tonos rojizos. Lo más curioso es que está dedicada a la Virgen del Milagro ya que el 13 de septiembre de 1692 un terremoto hizo caer a la virgen desde el retablo, pero no se rompió, solo cambio de color tres días. Después detuvo las réplicas del seismo cuando la sacaron en procesión y le juraron fidelidad. De ser cierto, como creen los salteños, nos dicen, el milagro fue de aupa.



El ambiente nocturno en la plaza, tras un día caluroso, era excepcional: estaban las calles y los locales llenos.

Nosotros cenamos en La Criollita, un restaurante de comida local que nos recomendó el taxista que nos trajo desde el aeropuerto.En la imagen uno de los platos locales, el Locro (un potaje con maíz, alubias carne de cerdo y de vaca y varias cosas más). En definitiva, el típico plato en el que se mezcla de todo un poco. Estaba rico.


El aspecto del local nos recordó el de una típica casa de comidas madrileña.

El segundo día en esta región noroeste (Salta, Jujuy, Catamarca, etcétera) en la esquina lindante con Chile y Bolivia, lo dedicamos a la famosa Quebrada de Humauaca, donde comprobamos la realidad de que es la zona de Argentina con mayor población descendientes de los aborígenes (es el nombre correcto para los indios que poblaban América a la llegada de los españoles).Este cartel nos recibió al cruzar la frontera provincial con Jujuy.

Utilizamos un Chevrolet Corsa alquilado el día anterior, normalito del todo pero que cumple. Lo devolveremos el lunes en Tucumán, cosa sencilla, pero que aquí tiene un sobrecoste por no hacerlo en el lugar de alquiler, ya que tienen que enviar un propio a Tucumán para recogerlo.

La noche la pasamos en un hotelito muy agradable en Purmamarca, un pueblo en la misma quebrada, que no es otra cosa que un valle estrecho rodeado de montañas originado por una falla.


Lo que ha hecho famosa a esta quebrada es que las colinas y montañas que la enmarcan ofrecen una llamativa gama de colores.

El día fue caluroso y ventoso, lo que nos obligó a proteger la piel.

Son franjas rojas, verdes, amarillas y en ellas surgen pueblos de color tierra ya que las viviendas están construidas de adobe. Es un paisaje árido pero espectacular. En estos pueblos la población es mayoritariamente de origen indígena.Llegamos hasta Humauaca, el pueblo donde termina la quebrada, pero que le da nombre. Es un lugar con historia, donde tuvo lugar una batalla en 1812 que favoreció la independencia de Argentina.
 
El sol caía de plano y nos cruzamos con grupos de niños que hacían una salida del cole para ver cosas del pueblo. 
Al lado y por todo el camino florecen los cardones, unos cactus gigantescos cuya madera se utiliza para muebles y vigas de las viviendas. Los hay enormes,pueden llegar a los 10 metros de altura y vivir 300 años. Los indidos usaban sus espinas (hasta 30 centímetros) para diversos usos, coser entre ellos. Los hay por toda la zona.

 
En un extremo hay un monumento dedicado a aquella batalla . La guía lo califica de pomposo.


Allí pegó la hebra con nosotros Cristian, un niño de 13 años (aparentaba menos) que se ofreció a contarnos la batalla por una propina. Lo hizo con soltura pero antes nos aseguramos (creemos) que no estaba perdiendo clases. Su padre es minero y pasa la semana fuera de casa.
Por los caminos de este día y el anterior encontramos en las carreteras altarcitos dedicados al Gauchito Gil, siempre flanqueado por banderas rojas. Es una leyenda de un héroe que desertó del ejército y después protagonizó un milagro. Es venerado por mucha gente y tiene un santuario, una creencia ajena a la Iglesia como otras profanas existentes en el país que la Iglesia tolera.


En esta zona se encuentra la marca que señala el punto exacto del Trópico de Capricornio, donde nos paramos para reflejar nuestro paso.



Mientras regresábamos, a la caída de la tarde, comprobamos que a esa hora los colores de los cerros eran todavía más espectaculares.De vuelta visitamos también Tilcara, un pueblo similar, como todos llenos de indios dedicados a la venta de artesanía o de comida preparada en la calle. Como era tarde no pudimos visitar el “pucará”, donde están los restos de una antigua fortaleza. También nos llamó la atención el curioso cementerio de Maimara y los colores de los cerros situados a su lado.

Nos despedimos con unos cardones espectaculares y unas líneas para el Museo Arqueológico de Alta Montaña de Salta, donde hicimos una visita guiada. Está dedicada al hallazgo hace 20 años de unos enterramientos incas de niños vivos en sacrificios humanos hace unos 500 años. Es una historia tremenda que se puede consultar en San Google. Engancha. Se trata del hallazgo del volcán Llullaillaco, a 6.700 metros de altura, nada menos.
 
Por cierto, en la cena probamos la carne de llama, en torno a la cual hubo diferencia de opiniones. No estaba mal, pero de momento gana la ternera. También son muy ricas las "empanadas", para nosotros empanadillas al horno, salteñas.